Salvadores
o culpables? El VIH, la lactancia materna y los intereses comerciales
Tessa
Martyn, Coordinadora de Campañas pro Salud, Baby
Milk Action
Este
artículo fue publicado en The Health Exchange, Abril 2001, revista
del International Health Exchange (info@ihe.org.uk).
"La lactancia
materna conlleva un riesgo de VIH" claman los titulares. La era
del VIH ahora pone en duda lo que por siglos ha sido un proceso
fisiológico normal salvador de vidas: la lactancia materna. La
lactancia materna ofrece a los bebés el mejor comienzo imunológico
y nutricional en la vida, cosa que una sustancia inerta, ‘muerta’,
como la leche artificial, no puede hacer.
Los primeros
informes de transmisión del VIH a través de la leche materna aparecieron
en 1985. Esa información se obtuvo de estudios de caso en 3 mujeres.
Sólo años después un estudio aleatorio controlado, es decir un
estudio propspectivo por cohorte, lo confirmó. Pero ya en 1989
algunos fabricantes de leches artificiales para bebés comenzaron
a socavar la lactancia materna, difundiendo la teoría de que las
madres seropositivas no deberían amamantar a sus hijos. Así por
ejemplo, en 1989 representantes de la Nestlé, en una conferencia
ante niños de escuela, afirmaban que hasta 50% de las mujeres
en África no deberían amamantar porque estaban infectadas con
el VIH. En 1992 la IFM, organización que agrupa a los fabricantes
de leches artificiales para bebés, a pesar de las promesas de
que no aprovecharía la crisis del VIH, afirmó a delegados a la
Asamblea Mundial de la Salud que las madres seropositivas no podían
amamantar.
Protectores
o especuladores?
El vínculo
entre el VIH y la lactancia materna, en efecto, creaba para los
fabricantes de leches artificiales una manera excelente para presentarse
como ‘salvadores’ en vez de ‘culpables’ en la controversia de
la alimentación infantil. Se les ofrecía, por así decir, la oportunidad
de aumentar sus mercados en lo que eran tradicionalmente culturas
de lactancia materna.
Los fabricantes
de leches artificiales para bebés (así como las empresas farmacéuticas
y otras que tienen un interés comercial en fomentar el ‘mercado’
del VIH) vienen ofreciendo a las ONGs donaciones de productos
y servicios para uso en los programas destinados a reducir la
transmisión del VIH, mientras al mismo tiempo cabildean a los
gobiernos para que debiliten la legislación en materia de comercialización
de sucedáneos de la leche materna. En sus esfuerzos desesperados
por poner coto a la pandemia del VIH, muchas organizaciones han
aceptado fácilmente estas ofertas, pero han ignorado o puesto
de lado importantes consideraciones.
Primero,
dejando de lado el VIH, no existe un sólo estudio que haya demostrado
que las leches artificiales para bebés son superiores a la leche
materna en términos de morbilidad o de mortalidad. El riesgo relativo
de muerte por diarrea en bebés que no han sido amamantados, en
zonas de pobreza, es significativamente más elevado que para los
bebés exclusivamente amamantados. Un análisis reciente hecho por
la OMS demuestra que los lactantes que no han sido amamantados
corren un riesgo 6 veces mayor de morir de enfermedades infecciosas
en los dos primeros meses de vida que los lactantes amamantados.
El UNICEF estima que en los últimos 20 años hasta 1,7 millones
de niños pueden haber contraído el VIH a través de la lactancia
materna - una cifra sin duda alarmante. Sin embargo, durante ese
mismo período han muerto 30 millones de niños por falta de lactancia
materna. (Vale la pena recordar aquí que, aún en los países donde
las condiciones para la alimentación artificial son óptimas, hay
numerosas desventajas asociadas a esa alimentación.)
Segundo,
las mismas empresas que ahora están tratando de promover sus productos
como la solución al problema de la transmisión VIH madre-hijo
son las que han sacado patentes sobre algunos componentes de la
leche materna, como la lactoferina, porque se sabe que tienen
propiedades antivirales capaces de ‘desnaturar’ el VIH. En los
últimos años se han hecho aún más descubiertas sobre la composición
riquísima de la leche materna. Por ejemplo, se sabe hoy que la
leche materna contiene proteínas llamadas lisozimas que destruyen
el VIH. El científico que realizó este estudio incluso especula
que el embarazo estimula al organismo de la madre a producir aún
más proteínas destructoras de virus, a fin de proteger el feto
que se está desarrollando en su útero.
El estudio
Coutsoudis
En Agosto
1999 fueron publicados los resultados de la investigación fundamental
de Anna Coutsoudis y su equipo en Sudáfrica (ref 1). El estudio
prospectivo por cohorte que realizó Coutsoudis llegó a la conclusión
que la tasa de transmisión del VIH en niños exclusivamente amamantados
por madres seropositivas no era más alta que la tasa en niños
alimentados con leche artificial. Esto es de importancia capital,
porque fue la primera vez que los investigadores analizaron específicamente
el efecto de la lactancia materna exclusiva. En anteriores estudios,
la definición ‘lactancia materna’ incluía a madres que habían
amamantado principalmente, pero también habían dado al bebé agua,
té, otras leches y alimentos. Coutsoudis (y otros investigadores)
descubrió que la alimentación mixta - es decir, lactancia materna
parcial más otros alimentos en la dieta del bebé - es la que daba
lugar a las más altas tasas de transmisión del VIH. Según Coutsoudis,
la explicación del efecto protector de la lactancia materna exclusiva
y las tasas más altas de transmisión en niños que recibieron una
alimentación mixta, podría sera íla ingesta de agua, alimentos
líquidos y sólidos contaminados que pueden dañar la mucosa intestinal
y causar una ruptura de las barreras imunitarias".
Antes
de salir estos resultados, se había estimado que aproximadamente
el 15% de los lactantes de madres seropositivas corrían el riesgo
de contraer el VIH por amamantamiento. Por lo tanto, incluso en
una zona con relativamente alta prevalencia del VIH de 20%, en
una población de 100 madres e hijos sólo 2 ó 3 estarían expuestos
al riesgo del VIH, no los otros 97. Si estas madres amamantaran
exclusivamente, la tasa sería aún más baja.
En Febrero
2001 se publicaron los resultados del estudio de seguimiento (ref
2) de Coutsoudis, que demostró claramente que "los
lactantes amamantados excluisvamente por 3 meses o más
no corrían más riesgo de infección por el
VIH en 6 meses que los lactantes que jamás habían
sido amamantados".
Es necesario
y urgente que se haga más investigaciones (no financiadas por
intereses comerciales) para examinar los efectos de la lactancia
materna exclusiva. Si se repiten los resultados de Coutsoudis,
las consecuencias para todos serán enormes. Pero ya ahora, los
que establecen las políticas sanitarias deberían re-examinar aquellas
políticas que proponen la alimentación artificial, particularmente
en zonas de pobreza, y ver cómo se puede dar más apoyo a la lactancia
materna exclusiva. En los lugares donde la lactancia materna ya
es la norma, sin duda sería más fácil continuar apoyándola pero
recalcando la importancia de la lactancia materna exclusiva, en
vez de educar la población sobre la alimentación artificial (ref
3).
Es muy
difícil asegurar la alimentación artificial idónea:
- Quién puede suministrar
agua potable?
- Quién sufragará
los gastos de tratamiento de la diarrea y otras enfermedades?
- Cómo puede la madre
explicar a su familia por qué no está amamantando?
- Cómo podrá ella
pagar la leche en polvo?
- Cómo podrá almacenarla
de forma segura?
- Cuán fácil le será
abstenerse de darle el pecho al niño durante la noche?
Los programas de fomento
de la alimentación artificial se han lanzado sin ofrecer soluciones
a estos problemas fundamentales.
Informar y apoyar
Es de importancia capital
que todos los estudios nuevos vigilen los resultados en términos
de salud del lactante y no tan sólo su estatus de VIH. Un estudio
realizado por Nduati descubrió que las tasas de mortalidad a los
dos años de edad eran similares para todos los hijos de madres
infectadas, cualquiera fuera el método de alimentación usado.
Incumbe a los agentes
de salud informar a las mujeres sobre las ventajas y los inconvenientes
sociales, económicos y de salud de los diversos modos de alimentación
del lactante, incluso la lactancia materna exclusiva y la alimentación
artificial. Por ejemplo, tal vez ya no sea correcto (si alguna
vez lo fuera) decir íla lactancia materna transmite el virus".
La lactancia materna parcial o no exclusiva puede transmitir el
virus. Tendríamos que decir ahora íPara lactantes de madres diagnosticadas
positivas, la lactancia materna exclusiva puede ofrecer tanta
protección o más que la alimentación artificial". Los trabajadores
de salud se encuentran en una posición clave para orientar a las
madres a tomar la decisión que será la mejor para ellas; pero
hay que apoyar a todas las mujeres en el modo de alimentación
que hayan escogido.
Las decisiones relativas
al modo de alimentar al niño no deben estar influenciadas por
consideraciones comerciales, particularmente las decisiones que
toman las madres infectadas con el VIH. Los fabricantes de leches
artificiales para bebés no deben aconsejar a las madres ni tener
contacto con ellas. El objetivo del Código
Internacional de Comercialización de los Sucedáneos de la Leche
Materna y de las resoluciones subsiguientes de la OMS es asegurar
que las madres reciban sólo información fundada y objetiva, no
la publicidad de los fabricantes. El Código permite la utilización
de los sucedáneos de la leche materna, cuando sea indicado. Tanto
la OMS como el UNICEF han insistido en la necesidad de que se
cumpla aún más el Código en esta era del VIH.
El tema de la alimentación
infantil y el VIH es muy complejo, como lo es también el dilema
que plantea. Este artículo sólo trata de una pequeña parte del
tema, pero sugiere que la solución económicamente más idónea y
culturalmente más adecuada tal vez también dé los mejores resultados
en términos de salud.
Referencias
1. Coutsoudis,
A., et al (1999). 'Influence of infant-feeding patterns on early
mother-to-child transmission of HIV-1 in Durban, South Africa:
a prospective cohort study.' The Lancet 354 (471-476).
(Available on http://www.thelancet.com/
- register and search for Coutsoudis to find the paper).
2. Coutsoudis,
A., et al (2001). 'Method of feeding and transmission of HIV-1
from mos to children by 15 months of age: prospective cohort study
from Durban, South Africa.' AIDS 15 (379-387).
3. Haider,
R., et al (2000). 'Effects of community-based peer counsellors
on exclusive breastfeeding practices in Dhaka, Bangladesh: a randomised,
controlled trial.' The Lancet 356 (1643-1647).
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