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Un nuevo estudio que
señala un hipotético vínculo entre la lactancia materna y los
trastornos cardíacos más tarde en la vida fue publicado el Viernes
16 de Marzo, en el British Medical Journal.(1)
La cobertura de prensa del anuncio fue extensa, en todo el mundo.
En pocos días aparecieron informes en la prensa en Canadá, Israel
y la India. En Gran Bretaña ya hay muchas mujeres que están abandonando
la lactancia materna a causa de ese informe.
A pesar de que los
autores del estudio afirman que los datos de observación no íestablecen
una relación de causa entre la duración de la lactancia materna
y la enfermedad cardiovascular ..." y que ífue limitada
la información disponible sobre las dietas que recibieron [las
mujeres estudiadas] porque se trata de un estudio retrospectivo",
esos detalles finos no se mencionan en el resumen y la prensa
no los ha tomado en cuenta.
Dice Patti Rundall,
de Baby Milk Action:
íSe está pasando
por alto el hecho que ese estudio en realidad nos dice tal vez
más sobre los riesgos de una dieta occidental más tarde en la
vida, o nos dice más sobre las malas prácticas de alimentación
infantil. Aunque seguramente esto no fuera la intención de los
científicos que realizaron el estudio, el resultado es que –
en Gran Bretaña y en el mundo – los lactantes sufrirán las consecuencias,
mientras que los fabricantes de alimentos infantiles recogerán
los frutos. Algunos fabricantes de alimentos gastan millones
para alentarnos, cuando somos más viejas, a comer alimentos
con alto contenido en grasas, sal y azúcar, que constituyen
un riesgo conocido en relación con las enfermedades cardíacas."
Phyll Buchanan, consejera
en lactación que trabaja con la Breastfeeding Network dice:
"Las madres están
sufriendo terrible angustia por causa de este informe y algunas
han enfermado de mastitis porque pararon repentinamente de amamantar.
Las que más sufren son las que resisten a la presión social
para dejar de amamantar o para agregar otros alimentos a la
dieta del bebé, porque quieren amamantar exclusivamente por
6 meses."
Uno de los autores
del estudio, el Profesor Alan Lucas, declaró:
íMe desconsola
saber que se está dando el mensaje erróneo. No fue nunca nuestra
intención el que las madres dejaran de amamantar debido a estos
datos muy preliminares e incompletos. Si se demuestra que nuestra
hipótesis es correcta, es decir que la lactancia materna seguida
de una dieta de tipo occidental [para la madre] explica nuestros
resultados, el mensaje de salud pública que tendríamos que dar
es que se debe cambiar la dieta occidental más bien que la lactancia
materna que tiene tantas ventajas."
No se deben esconder
los resultados de una investigación científica válida. Pero lanzar
con tanto alarde un estudio que aún no ha llegado a conclusiones,
justo dos meses antes de un debate crucial and la Asamblea Mundial
de la Salud sobre la lactancia materna y la comercialización (2),
suscita preguntas serias sobre la manera de financiar, diseñar
y difundir los resultados de la investigación en salud y sobre
el uso que hacen las empresas de la íciencia" para sus estrategias
de comercialización. Aunque este estudio específico fue financiado
por el Medical Research Council, los autores admiten que hubo
íintereses competitivos" de colaboración con la industria de alimentos
infantiles en estudios anteriores.
El Prof. Alan Lucas
ha hecho muchas investigaciones que demuestran las ventajas evidentes
de la lactancia materna, pero también defiende la financiación
de la investigación por parte de la industria. Sus opiniones y
las de Baby Milk Action fueron publicadas en el British Medical
Journal en 1998. (3)
Hace sólo un mes,
el Prof. Lucas publicó un estudio de control aleatorio que demuestra
que los bebés prematuros amamantados tienen probabilidad de presión
arterial menor y menos riesgo de enfermedad cardíaca.(4)
Otros estudios
han demostrado los riesgos de una introducción precoz de alimentos
complementarios y que la lactancia materna probablemente disminuye
la incidencia de obesidad durante la niñez, que es una de las
grandes causas de enfermedad cardíaca. (5)
Este último estudio
no sería incluido en un examen de la literatura científica sobre
la alimentación de lactantes, por varias razones. Tiene defectos
que sus propios autores admiten, en el enfoque del estudio y en
su metodología. Por ejemplo, la muestra es autoseleccionada y
la investigación se funda en el recuerdo, entre 20 y 28 años después
de los hechos estudiados. El estudio tampoco usa definiciones
claras de las distintas pautas de lactancia materna. En otras
investigaciones, de la obesidad, la transmisión del VIH o las
infecciones en general, por ejemplo, saber por cuánto tiempo hubo
lactancia materna exclusiva en los sujetos (es decir, sin nada
más que leche materna), o si se dio además otros alimentos (alimentación
mixta), ha sido un factor clave en las conclusiones.
En los 3 a 6 mil millones
de años de evolución de la especie humana, ha sido normal amamantar
a un niño hasta la edad de 3 a 5 años. Un editorial en el mismo
British Medical Journal, firmado por Ian Booth, profesor de pediatría
y salud infantil, explica:
íEl estudio publicado
hoy no debe modificar la actual recomendación de que la lactancia
materna es la mejor forma de proteger y fomentar la salud del
bebé y de la madre ... En los países en desarrollo, los enormes
beneficios de la lactancia materna prolongada, para la supervivencia
y la salud de los niños, junto con el espaciamiento de los nacimientos,
probablemente jamás podrán tener menos peso que las consideraciones
de eventual enfermedad cardíaca isquémica 50 años más tarde."
Instigada por los
muchos riesgos conocidos de la alimentación artificial y por el
hecho de que cada año mueren unos 1,5 millones de bebés por falta
de amamantamiento, la Asamblea Mundial de la Salud en 1981 recomendó
a todos los gobiernos que prohibieran la promoción de los alimentos
artificiales. En años ulteriores, la misma Asamblea ha repetido
esta recomendación y ha lanzado llamamientos a favor de la lactancia
materna exclusiva seguida por alimentos complementarios a partir
de íaproximadamente 6 meses". (6)
Ya hay 61 países que
tienen políticas de protección y fomento de la lactancia materna.
Sin embargo, la industria de alimentos infantiles, con una cifra
mundial de negocios de 8 mil millones de dólares, presiona por
cada vez menos reglamentación de la comercialización. Si la industria
logra que la norma para etiquetado de los alimentos infantiles
diga íapropiados a partir de los 4 meses" en vez de íapropiados
a partir de los 6 meses" puede aumentar su mercado en un billón
de dólares anuales.
Vale la pena preguntarse
si es justo permitir que este estudio, que deja tantas interrogantes,
influencie a los que formulan las políticas y menoscaba la confianza
de las madres que están tratando de hacer lo mejor pas sus bebés.
Para mayor información,
dirigirse a:
Patti Rundall, Directora
de Política, Baby Milk Action, 23 St Andrew's St, Cambridge, CB2
3AX, Gran Bretaña, Tel: +44 1223 464420, Fax: +44 1223 464417,
email: prundall@babymilkaction.org
Referencias:
(1)
Leeson et al, (2001) Duration of breastfeeding and arterial distensibility
in early adult life: population based study, BMJ, Vol. 322, (643-647)
(2)
Brown P, (2001) Campaigners for breastfeeding claim partial victory,
BMJ, Vol. 322
(3)
Lucas A, (1998) Collaborative research with infant formula companies
should not always be censured, Rundall P, How much research in
infant feeding comes from unethical marketing? BMJ, 317, 337-
339 (http://www.bmj.com/cgi/content/full/317/7154/333)
(4)
Singhal et al, (2001) Early nutrition in pre-term infants and
later blood pressure: two cohorts after randomised trials, Lancet
Vol. 357, no 9254
(5)
Van Kries et al (1999) Breastfeeding and obesity: cross sectional
study, BMJ, 319: 147-150
(6)
WHA 47.5, WHA 49.15
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